Entrevista a Paula Pareto – Psicología en el Deporte

Entrevista a Paula Pareto – Psicología en el Deporte

Una muy interesante Entrevista a Paulita Pareto, relacionado con el factor psicologico en el entrenamiento deportivo  del competidor de Judo.
Gentileza del Sensei Antonio Gallina
header
ENTREVISTA
“No importa que sea imposible, vos visualizá, todo está en tu cabeza”

Paula Pareto


Paula_Pareto

Paula Pareto, Médica de la U.B.A. Primera Argentina en ganar una medalla olímpica en Judo (Bronce en Pekín 2008). Galardonada con el Premio Olimpia de Oro como mejor deportista del 2015. Medallas obtenidas en Juegos Panamericanos: Bronce en Río 2007, Oro en Guadalajara 2011 y Plata en Toronto 2015. Medallas obtenidas en Mundiales: Plata en 2014 y Oro en 2015.

 

¿Qué importancia tiene para vos y cómo trabajás la dimensión psicológica del entrenamiento deportivo?

Bastante importancia. Me parece que tiene la misma importancia que la parte física. Lo que pasa es que en la parte mental uno tal vez no la ve en algo plasmable. Yo cuando empecé a ir al psicólogo le decía: “es raro, porque cuando uno va al gimnasio le sale músculo; uno viene acá y eso no pasa”. Pero hay que quemar todos los cartuchos. La verdad que creo que es clave, por lo menos en un deporte como el mío, estar bien física y mentalmente.

¿Hubo un momento específico en el que empezaste a trabajar con este aspecto psicológico?

En 2007 empecé. Después de los Juegos Panamericanos que se hicieron en Río. Me acuerdo que hablé con uno de los chicos, que en ese momento de hecho quedó primero, y me recomendó que vaya a un psicólogo deportivo, que él iba y le hacía muy bien. Yo hasta ahí mucho psicólogo no tenía, pero lo tomé de un amigo, empecé a averiguar y fui a alguien que para mí era de confianza. Arranqué y hasta hoy sigo con él. Creo que me sirve mucho.

¿Notás la diferencia en cuestiones específicas o en general te sentís mejor en la competencia?

Es algo que no es muy tangible. Pero sí, yo hago un montón de preparación desde lo psicológico: respiración, visualización. Ese tipo de entrenamiento que, si bien no se hace todos los días, lo hago dos o tres veces por semana (previo a la competencia más) y el día de la competencia uso un montón de esas técnicas que trabajo con él.

¿Podés identificar esos factores psicológicos que trabajás específicamente? ¿Varían según tengas o no competencia?

No, cuando no hay competencia -si bien se mantienen las visitas y todo eso- es más tranquilo. Pero ya desde enero estamos trabajando con los ejercicios que te decía. En las competencias mantengo más o menos el mismo esquema que me da resultados de enfoque, de concentración, de activación para el cuerpo y para la mente. Para nosotros es clave, porque son cuatro minutos de lucha que tenés que estar totalmente concentrada en eso. Entonces en el consultorio hago algunos ejercicios que tiene él y que me ayuda con cosas que tal vez yo sola no puedo hacer.

Al ser el judo un deporte individual en el que la que entra al combate sos vos sola, ¿creés que existe una diferencia en la preparación psicológica con respecto a los deportes por equipo?

Exacto. En un deporte como el nuestro estás sola ahí contra tu rival. Si bien yo siempre digo que uno trabaja con un gran equipo que, gracias a eso, uno llega donde llega. Pero a la hora de decidir en ese momento y de pensar lo que pienso es uno el que tiene que estar, entonces las decisiones tienen que ser las correctas. Por eso muchos de los trabajos que hacemos consisten en mantener esa concentración y ese foco en lo que hay que hacer durante los cuatro minutos e intentar no perderlo. Tal vez en un deporte colectivo alguno puede tener un buen día o un mal día y los otros diez u once pueden suplirlo. En cambio, para nosotros yo siempre digo que la clave es tener un buen día desde lo mental. Porque desde lo físico llegamos todos más o menos en iguales condiciones, pero la diferencia en ese momento -sobre todo en el judo que es individual- es mucho más importante. Y se nota.

En relación a estas técnicas que nombraste, como la visualización, ¿hay una incorporación de las disciplinas orientales a esa preparación psicológica?

Sí, mi psicólogo está mucho con eso, con la cuestión también de la energía y todo eso. Entonces me lo transmite, porque sabe también que me interesa, me va tanteando. No le va a dar cuestiones de relajación a alguien que no lo hace o cree que no sirve. A mí me parece que sirve entonces me va dando, y cada vez me da más técnicas que se van haciendo día a día. Son diez o quince minutos, tampoco es mucho. Pero es lo que sirve para después llegar bien a la hora del torneo. A veces entre lucha y lucha también hago alguna técnica. No hay que bajar mucho, obviamente, pero sí un poquito menos de tiempo. Es complicado hacerlo porque es un griterío el día de los torneos, pero también eso requiere de cierta concentración.

¿Influye saber cómo lucha tu rival para visualizar esa escena de la lucha o se enfoca exclusivamente en vos misma?

Casi siempre me enfoco en mí misma. Tal vez hay alguna toma o algo que me complique que hagan mis rivales y en lo que me enfoco es en pensarme resolviendo eso. O sea, la visualización siempre es a mí favor. Nunca va a haber una visualización en la que esté cayendo porque no me conviene. Entonces, por más que tal vez la rival ya me haya hecho esa técnica, la idea es visualizar que la está intentando y yo evitarla. El psicólogo me dice “no importa que sea imposible, vos visualizá, todo está en tu cabeza”. Ese es un entrenamiento que yo también a las más chicas se lo recomiendo porque creo que está bueno y sirve.

¿Notás que cuando estabas en una etapa más formativa de tu carrera tenías una preparación psicológica diferente a la actual donde está muy presente la exigencia del alto rendimiento?

Sí, en verdad lo que siento es que hoy voy mucho más encaminada y ya sé qué cosas hacer o qué pensar antes de la competencia gracias a este orden que fui teniendo con el entrenamiento psicológico. Antes iba a luchar y tenía un montón de cosas en mi cabeza y no todas eran útiles. Hoy me ordeno un poco más en qué es lo que sí está bien tener y qué es lo que hay que eliminar. “Ir cerrando puertas”, como dice mi psicólogo, y enfocarte justamente en lo que sirve. Antes al no tener estas técnicas y no saber bien en qué enfocarme era más complicado. Uno cuando va a luchar tiene un montón de cosas que pensar, porque siempre las tenés y cuando vas a luchar más. “Uy, puedo ganar, puedo perder, tengo que hacer esto, la otra me hace otra cosa”, y queda en uno agarrarse de lo que le convenga. Entonces todo ese entrenamiento hoy lo tengo y antes estaba mucho más expuesta en cuanto a que me iba más del centro del foco que es lo que me lleva hoy a tener mejores resultados.

¿Qué lugar ocupa la parte recreativa de tu actividad en este aspecto? ¿Hay una persistencia del disfrute a la hora de luchar?

Sí, creo que esa es una de las cosas que desde lo psicológico uno piensa antes de competir, antes de entrenar, antes de cualquier cosa. Uno lo hace porque lo disfruta. Creo que casi todos hacen lo que hacen porque lo disfrutan. Es intentar disfrutar de estar haciendo eso, por más que obviamente a veces hay días que requieren más que otros. Las competencias por lo general son los sábados, a veces los domingos, y uno dice “están todos durmiendo y yo acá”. Pero es lo que vos elegiste y también después cuando competiste te sentís bien con vos mismo, te vaya bien o te vaya mal hiciste lo tuyo. Entonces creo que es importante eso: siempre volver al inicio y saber que a uno le gusta lo que hace. Y eso también se maneja mucho desde lo psicológico.

Recién hablabas de la vida cotidiana, de los fines de semana, que en principio pertenecen a lo extradeportivo pero que también constituyen una parte de la formación psicológica de un deportista. ¿Hasta dónde llega el psicólogo deportivo en relación a las cuestiones más vinculadas a tu vida privada?

Yo supongo que cada uno tiene sus técnicas y sus estrategias, pero lo que hablo con él en cuanto a lo personal es lo mínimo e indispensable. Cuando me habla de algún tema personal me dice que es porque algo necesita saber para organizarme en la parte deportiva. Hay etapas en las que se requiere hablar un poco más de lo personal que de lo deportivo y hay etapas en las que no hace falta. Yo en particular el 80 o 90% de mis charlas con él son sobre lo deportivo. Si ve que por algún lado estoy necesitando corregir o que me ayude en algo personal se da cuenta enseguida. No se mete mucho en el tema porque yo siempre le dije “yo con los psicólogos mucho no…”, pero como es deportivo es diferente. Lo maneja bien para poder llevarme desde lo deportivo, pero lo personal también tiene que estar bien. Es como que van un poco de la mano.

El límite sería cuando te empieza a influenciar en la competencia.

Exacto. Es hasta donde él opina o intenta ayudarme como un psicólogo normal. Yo nunca fui a un psicólogo que no sea deportivo. Él trabaja como deportivo y como no deportivo, entonces también eso es bueno porque sabe cómo ir y venir y cómo tratarme sabiendo que mucho no me gusta hablar de mi vida privada. Con él si porque ya hace siete, ocho años que estoy. Pero igual, pese a eso, solo toca el tema cuando ve que es necesario.

En el año 2011 tuviste una lesión complicada que hasta puso en duda tu futuro como judoka. ¿Cómo manejás el tema de las lesiones que, sobre todo en los deportes individuales, es tan determinante para el desarrollo de una carrera?

Sí, es un poco eso. Es saber que es un deporte de contacto y que las lesiones son parte, hay que saber que están. A veces uno tiene un plan A y hay que tomar un plan B. Hay que tenerlo. Cuando hay una lesión hay que saber que no es el fin del mundo y que siempre se pueden hacer otras cosas. Y que por algo son. Siempre que he tenido lesiones no lo he tomado como algo tan trágico. Cuando tuve esa lesión estuve un mes parada sin saber si iba a seguir haciendo judo y dije “bueno, será esto”: agarré y me dediqué a la parte del estudio. Lo aproveché desde ese lado. Me acuerdo que me bajé de un mundial ese año y estaba complicado. Fue el año de los juegos de Guadalajara, dos meses antes. Estar parada tanto tiempo para lo mental fue complicado, pero bueno, me lo intenté tomar con calma. Obviamente con la ayuda de mi psicólogo, pero yo en ese sentido digo “si tiene que pasar, pasa”. Es parte de este deporte.

Hablabas recién de que el judo es un deporte de contacto. Hay una imagen que a muchos nos quedó grabada: cuando perdiste la final de los Juegos Panamericanos del año pasado contra la cubana Mestre y la alzaste como reconociendo su victoria. Fue un gesto que se difundió mucho en los medios locales por la extrañeza general de una deportista que acababa de perder una final, con la bronca que uno imagina que conlleva ese momento, y que sin embargo aplaudía a su vencedora.

Sí, la bronca la tenía igual, pero es lo que me surgió. Creo que así como yo me esfuerzo, ella se esfuerza y todos se esfuerzan. Y al llegar ahí está bueno que, por más que no haya sido de uno, me puse un poco contenta por ella y le festejé eso. Yo sé de los esfuerzos que hace para estar ahí y es lo que me hubiese gustado a mí. Entonces lo viví desde el lado del deportista y me olvidé un poco de que la que había perdido era yo. Salió así, no fue muy pensado.

Sobre esa relación con las rivales me interesa profundizar, ya que si bien el judo no es un deporte violento hay un ejercicio de la fuerza sobre el otro, una especie de sometimiento.

Lo que pasa es que el judo en particular es un deporte oriental. Toda la cuestión oriental tiene mucho más de respeto hacia el otro que de sometimiento. El otro está ahí y vos no ganarías sin la presencia de él. Entonces la idea es que es un rival pero no un enemigo. Uno quiere ganar porque es un deporte, pero no con la necesidad de lastimar al otro. Ganarle y disfrutar del haber ganado, siempre con las reglas. El saludo inicial y el saludo final, de hecho, son señales de respeto hacia el rival. Se trata de mantener eso. Al uno criarse en eso y las enseñanzas siempre de la escuela son esas… Quizás otros deportes más occidentales -que muchas veces tienen igual la camaradería- son mucho más de contacto. Lo nuestro no son piñas y patadas sino arrojar al otro. Hay golpes porque es de contacto, pero no está eso de “somos todos enemigos”. Al contrario, todos queremos lo mismo, no hace falta matarse. Sí querer ganar, porque eso está en todos, si no no lucharía.

Es interesante ese contraste de filosofías que es una discusión de muchos años en el deporte: el “ganar como sea” también suele presentarse como un factor motivacional al momento de competir.

Claro, me parece que “ganar como sea” está bien desde lo propio. Ganar como sea pese a que me lastimé, se me dobló un dedo, me quebré -yo he seguido luchando fracturada-. En ese sentido ganar como sea, no a expensas de lesionar a mi rival. Por eso también me parece que es importante lo mental de esa frase. Tenerla para uno digamos, no para lastimar al otro.

 


Leave a Reply